La detención arbitraria de un hombre en Colombia no es noticia.
Tampoco es una novedad si dicho personaje es un líder social al
cual se le acusa de “sindicalista”. Se trata de Teófilo Manuel Acuña,
alias “teo” (según los informes de inteligencia del ejército). Si se
tiene en cuenta que el proceso acusatorio en contra de este líder
minero se sustenta en los grises testimonios de reinsertados que
patrullan armados y en camuflado junto al ejército, cabe
demandarse: ¿De que manera este escenario se ajusta a la “Política
de Defensa y Seguridad Democrática”[2] y, hasta que punto
corresponde con las últimas tácticas de control social para hacer
frente a las “Amenazas Asimétricas”[3] que resisten al actual
modelo de gobierno?
El objetivo de las líneas siguientes es analizar este evento en su
doble significación: De una parte demostrar dentro del amplio
espectro de procesos judiciales dirigidos a estigmatizar los
procesos de movilización social, la anormalidad de este caso y su
relevancia para el futuro de la riqueza minera del país. De otra
parte, si tomamos el caso de Teófilo Acuña como un ejemplo típico
de la manera como se despliega operativamente la “Política de
Seguridad Democrática” será necesario preguntarse si esta última
mas allá, de un plan de lucha contrainsurgente, corresponde con
un horizonte más amplio e integral: una serie de estrategias de
reingeniería social y de redistribución de los recursos nacionales
acordes con los intereses del capital nacional y transnacional.
El Sur de Bolivar y las visiones encontradas del progreso
Para comenzar es importante describir el territorio en el cual se desarrolla este enfrentamiento de fuerzas y resistencias. El espacio geográfico es el Sur de Bolívar, subregión inscrita en el Magdalena Medio. Culturalmente es una formación híbrida alimentada por la expulsión sostenida de poblaciones campesinas provenientes de Santander, Tolima, Boyacá Antioquia y
A partir de la segunda mitad de los 80 esta región comienza a llamar la atención estatal por tres razones fundamentales: i) por su fortalecimiento organizativo expresado en las movilizaciones campesinas a todo lo largo de los años 90; ii) por su ubicación geoestratégica: cerca al complejo petrolero mas importante del país y, además, como corredor oriente-occidente de vital importancia en la geografía logística de la guerra; iii) y en los últimos años, por su potencial agro-minero.
En este contexto y multitud de intereses no ha sido raro el enfrentamiento continuo entre dos visiones del progreso y el desarrollo:
De un lado, la visión que ofrece el Estado y las multinacionales, en concordancia con el desarrollo neoliberal y la expansión del capitalismo globalizado. Desde este punto de vista, los campesinos no han sabido aprovechar las ventajas comparativas que ofrece su territorio. Luego, el atraso de la región se superaría en la medida que estos territorios se inserten plenamente en un modelo productivo volcado al exterior, fundamentalmente a través de los monocultivos de exportación (la palma africana) y la explotación intensiva del potencial minero (el oro).
De otro lado, la visión de las expresiones organizativas campesinas se resume en una pregunta bastante sencilla: ¿Desarrollo para quién? En este sentido
Este es el trasfondo regional de las discusiones y es en dicho contexto donde debe ser ubicado el enfrentamiento sostenido entre los mineros artesanales organizados en
Los intereses mineros
Actualmente, y de acuerdo con el “Observatorio de las Multinacionales”[5] en Santa Rosa, Morales y San Martín de Loba, la sociedad Kedadha, solicitó licencia para explorar y explotar un área minera de 1'200.000 hectáreas, de las cuales el gobierno nacional ya entregó en concesión 37 mil. Vale la pena hacer un poco de memoria y recordar que ya en 1996 se registró el primer asalto entre los mineros y las empresas transnacionales[6]. Dicho pleito pareció -en un principio- resolverse a favor de los mineros, en la medida que se logró detener la aprobación de un nuevo Código de Minas que contenía varios artículos que abiertamente favorecían a esta multinacional[7]. Sin embargo el costo de dicha batalla fue alto para los mineros. Significo una ofensiva paramilitar sin precedentes en la región. El conflicto entonces se dirimió, en última instancia, más allá del la ley y la razón bajo el imperio de la sangre y el fuego[8]. Así que luego de la persecución y debilitamiento de los procesos organizativos locales, en 2001 sería aprobado el paquete principal del proyecto de Código de Minas presentado en 1998[9].
Es importante remarcar que este tormentoso conflicto de intereses entre campesinos, multinacionales y Estado, no es solamente cuestión que concierna al Sur de Bolívar. Los intereses abarcan un amplio espacio de territorio colombiano. “Las empresas transnacionales ANGLO GOLD ASHANTI –la segunda empresa minera más importante a nivel mundial- y su filial en Colombia, KEDAHDA S.A, han presentado solicitudes de contratos de concesión en 21 departamentos, para un total de 2114 solicitudes, siendo los departamento con mayor nivel de solicitudes en su orden: Antioquia, Bolívar, Cauca, Nariño, Chocó y Huila. Estas solicitudes en tan sólo los departamentos de Antioquia y Bolívar, superan los 2’300.000 hectáreas, cifra que en el país puede superar los cuatro millones de hectáreas, si se tiene en cuenta que estos dos departamentos representan tan solo el 32% de las solicitudes existentes”[10].
La militarización de lo civil como estrategia de seguridad democrática
La magnitud de intereses en juego nos permite comprender mejor la importancia de la lucha liderada por
La mayoría de crímenes y ataques mencionados han sido atribuidos a las fuerzas paramilitares, las cuales según varias denuncias han actuado históricamente en complicidad, o bajo la actitud negligente de las fuerzas militares[13]. Sin embargo, al mismo tiempo que se adelanta el proceso de negociación con los paramilitares y que se consolida en la región la estrategia de “Seguridad Democrática”, es posible advertir cómo las acciones directas de agresión hacia la población civil de parte de los paramilitares se limitan al control territorial, mientras que la agresión ha sido asumida por las mismas fuerzas armadas. En la actualidad, los mineros acusan al Ejercito Colombiano de “[…] practicar detenciones arbitrarias, patrullajes con desmovilizados quienes con el rostro cubierto señalan a los mineros de guerrilleros; incluso
De
En este punto conviene devolverse y observar que una de las prioridades de
De esta manera la presencia actual del Ejercito (Específicamente la 9ª Brigada) buscaría un doble propósito: i) asumir el control militar en la región ganado a través de las tácticas paramilitares, desplazando definitivamente la presencia histórica de las FARC y el ELN; y, ii) afianzar el control coercitivo sobre las organizaciones sociales asegurando el territorio para la ejecución de proyectos agroindustriales, forestales y de gran minería aurífera. Este último objetivo significaría el desplazamiento de cerca de 60.000 campesinos y mineros artesanales que se han convertido en una verdadera molestia a la hora de implementar el modelo desarrollista agenciado desde las multinacionales.
La implementación del anterior plan de control territorial que combina la doctrina de la guerra de baja intensidad en lo social con estrategias de guerra en lo convencional, es un segundo momento, luego de la implementación de los parámetros Clausewitzianos de la “guerra total” [17] en la pacificación de territorios económica y militarmente estratégicos. Sin embargo, conviene aclarar que este segundo momento se aleja conceptualmente de la visión Clausewitziana de la “guerra Total” y, más bien encuentra puntos de afinidad con los análisis “jominianos”[18] de la proyección estratégica y del fortalecimiento logístico. Este tipo de análisis se concentran en la posibilidad de desarrollar un sistema militar omnipresente fuera del alcance de la política, gracias a la tecnología de la guerra de redes “net-war” y a la incorporación de los recursos civiles como mecanismos de recolección de información[19].
A modo de conclusión
Es dentro de este panorama que debe enmarcarse la detención arbitraria de Teófilo Acuña, con el agravante de que este líder minero además de ser el presidente de Fedeagrobismol, de haber denunciado el sometimiento de lo público al interés privado que significa el Código de minas vigente; es además, el testigo principal en el proceso que se abrió contra la 9ª Brigada del Ejército por su responsabilidad en el asesinato de Alejandro Chacón. Vale la pena remarcar que el caso de Teófilo Acuña y la persecución hacia Fedeagrobismol no son casos aislados. En el 99% de los municipios, donde KEDAHDA S.A pretende adelantar explotaciones, sus habitantes han sido objeto de desplazamiento forzado y apropiación de sus bienes. En el 72% de esos municipios, quienes allí vivían, han sido víctimas de graves violaciones a los derechos humanos por parte de grupos paramilitares[20].
Este conflicto además de sembrar un manto de duda sobre la noción de “progreso” manejada por el Estado y las grandes agencias del desarrollo, pone en evidencia hasta qué punto
[1] Doctorante de l’Institut des Hautes Etudes de l’Amérique Latine - Paris III
Profesor Universidad Central de Colombia.
[2] Política de Defensa y Seguridad Democrática es el documento marco mediante el cual el Gobierno de Uribe Vélez trazo las líneas básicas de
[3] La estrategia militar establece tres niveles de enfrentamiento: ‘Simétricos’ cuando el combate es entre actores equivalentes en fuerza; ‘disimétricos’ cuando uno de los actores recurre a su superioridad cuantitativa y cualitativa; y ‘asimétricos’ cuando los actores buscan explotar las debilidades y vulnerabilidades del adversario, evitando a toda costa sus fortalezas. La ‘asimetría’ como referente, es un modo de evaluación de los niveles de fuerza social. En el actual contexto de la globalización, la ‘asimetría’ se hace manifiesta cuando los ‘dominados’ cuestionan las causas estructurales de la dominación, rebelándose, causando disturbios, insurrecciones o revoluciones. (Bedar Saïda, 2001. Vers une ‘grande transformation stratégique américaine ? Cahiers d’Etudes Stratégiques N° 31. EHESS, Paris.).
[4] Mesa Regional, Plan integral, (1998:1).
[6] En este caso
[7] Ó Loingsigh (2002:67,
[8] En el Sur de Bolívar durante el periodo comprendido entre 1988 y 2006, según los casos conocidos y denunciados, 330 personas han sido objeto de ejecución extrajudicial, mientras que 88 más han sido objeto de torturas y 80 han sido detenidas desaparecidas. (Tribunal Permanente de los Pueblos, sesión sobre empresas transnacionales 2006:6).
[9] La ley de minas en su texto impide que sean solicitadas más de 10.000 hectáreas por una sola empresa, persona natural o jurídica, pero la ley tiene un “mico” (vacío jurídico de libre interpretación) que permite hacer multitud de solicitudes al mismo tiempo, lo que le abre la posibilidad a las multinacionales de quedarse con una extensión ilimitada para la prospección y explotación del recurso. (En Prensa Rural 5 de Agosto del 2005).
[10] Encuentro Regional Minero, Buenos Aires -Cauca (2007:3).
[11] Corporación Sembrar (2007:2).
[12] Agencia Prensa Rural Miércoles 25 de Octubre del 2006.
[13] Sentencia Tribunal Internacional de Opinión, Caso Sur de Bolivar: Paris 2003. http://tribunal.free.fr/tio.htm#resultado
[14] Asamblea Fedeagrobismol – Mina Mocha Mayo del 2007.
[15] Presidencia de la república y Ministerio de Defensa Nacional 2003:42 - 43.
[16] Ibid:45.
[17] La implementación de la “guerra total” puede verse como una iniciativa sostenida a lo largo del Plan Colombia iniciado por Andrés Pastrana y la primera parte de aplicación de
[18] A diferencia de los análisis Clautsewitzianos que colocan el acento en la guerra y el combate, los análisis propuestos por Jomini Antoine se concentran en la preparación de las condiciones logísticas defensivas y la fortificación interior frente a las amenazas posibles. (Jox Alain,1998).
[19] Makki S. (2004). Militarisation de l’Humanitaire, privatisation du militaire. Cahier d’etudes Stratégiques N° 36-37. EHESS, Paris.
[20] Encuentro Regional Minero (Op. Cit.).
